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13-06-2017

Las becas a universitarios de Mequinenza que otorga la Fundación Joaquín Torres recibe 38 solicitudes en su vigésimo cuarta edición

El próximo 5 de julio se reunirá el Consejo de Vigilancia de la Fundación para determinar si los solicitantes cumplen con los requisitos y determinar la dotación económica

El pasado viernes 9 de junio se cerraba el plazo de presentación de solicitudes a las becas anuales que convoca la Fundación Joaquín Torres dirigidas a estudiantes universitarios de Mequinenza. En la edición número 24 de estas ayudas a los estudios se han presentado un total de 38 solicitudes, 6 menos que en la edición del año pasado.

Una vez recepcionadas el Consejo de Vigilancia de la Fundación estudiará cada una de ellas para determinar si los solicitantes cumplen con los requisitos fijados para beneficiarse de estas ayudas. La decisión se tomará el 5 de julio en la reunión a la que se convocará a los integrantes del Consejo y en la que además decidirá el importe de las becas. La entrega se llevará a cabo en un acto que se celebrará en la Sala Goya el 14 de julio.

En la anterior convocatoria se entregaron un total de 40 becas, de las 44 solicitudes presentadas, por un importe total de 72.000 euros, es decir, 1.800 euros cada una de ellas. En sus 23 ediciones se han entregado un total 549 ayudas por valor de 653.287,90 euros. Estas becas se entregan gracias una generosa donación de Joaquín Torres, un mequinenzano que hizo fortuna en el mundo editorial en América, y que quiso facilitar a los jóvenes de la localidad cursar estudios universitarios.

Joaquín Torres Arbiol

Joaquín Torres Arbiol es el emigrante ultramarino más notable y generoso del ‘Poble’. Nació en Mequinenza el 8 de junio de 1901, este filantrópico mequinenzano dejó su villa natal a los 21 años para hacer el servicio militar en Madrid. Allí y como producto de una serie de casualidades acabó entrando a trabajar en la editorial Espasa, la futura y potente Espasa Calpe.

Tan relevante debió de ser su desempeño en la empresa que poco después, en 1926, la editorial le envió a Buenos Aires al objeto de crear una filial o delegación en la capital de Argentina. Compatibilizó su trabajo además, como comercial de otras editoriales españolas como Seix Barral y Cervantes. Se dedicó a detectar ediciones clandestinas, fraudulentas, sobre todo las venidas de Chile, así advertía a editoriales y librerías para impedir su adquisición, luchando así contra la piratería. En el año 1931 se convirtió en propietario de la editorial Juventud Argentina.